El Periódico Mediterráneo - 29/04/06
NURIA VARGAS
Un escueto y sonoro repicar de campanas anunciaba al amanecer que había llegado el momento. Los 12 pelegrins y su guía salieron ayer en soledad y silencio de la iglesia parroquial de les Useres para cumplir el voto ancestral de un pueblo. Los apenas mil habitantes de esta localidad de l´Alcalatén se vieron, de nuevo, desbordados por el interés que, cada año más, despierta la peregrinación más singular de las muchas que se celebran en las comarcas castellonenses.
"El pueblo se llena", comentaba en este sentido Angelita Porcar, vecina de les Useres y propietaria de una casa rural, que estos días está al completo. Sin embargo, la avalancha de visitantes está todavía por llegar: "El sábado por la noche, cuando vuelven los peregrinos, pueden haber unas 4.000 personas", explica Angelita, quien, como prácticamente todos sus vecinos, aguardaba ayer a las puertas de la iglesia la salida de los 12 apóstoles y el guía en peregrinación hasta Sant Joan Penyagolosa. Junto a ella, varios centenares de personas, llegadas desde distintos puntos de la provincia, siguieron el recorrido de los peregrinos por el sendero de hiedra a través del cual la solemne comitiva abandonó la población.
LA COMITIVA Además de los 12 pelegrins --Vicente Barrera, Ramón Álvarez, José Tomás, Esteban Tomás, Juan Salvador, José Joaquín Rubio, Alfredo García, Juan José Herrer, Gerardo García, Salvador Chiva, Alfredo Miguel y Eduardo Vidal-- y su guía --figura que este año ha recaído en Federico García Tomás--, la comitiva está formada por más de 50 personas. Así, el sacerdote (José Aparici, párroco de Atzeneta), cantores, clavarios, cocineros y ayudantes y les c rregues, en las que se llevó "el vino, el agua y el botiquín", hicieron posible que la travesía que los vecinos de les Useres iniciaron hace 500 años se desarrollase con el rigor original.
A ellos se unieron también les promeses, varias decenas de personas que quisieron acompañar a los peregrinos en su ruta devocional. A poca distancia, la religiosidad se atenuaba para dar paso a los numerosos grupos de amigos y senderistas que cerraban la romería. "Hace 25 años que venimos y ya es una tradición", comenta uno de los caminantes, que ha visto también cómo a su iniciativa se ha ido sumando un mayor número de gente en cada edición. Mochileros de todas partes que, en la mayoría de los casos, acompañan a los peregrinos hasta su primera parada, en Sant Miquel de les Torrecelles. "Después de comer les adelantamos y les esperamos en Sant Joan", explican. Allí estaban cuando, tras 12 horas de viajes por senderos y montañas, los pelegrins llegaron al santuario.